Comentario al Espíritu subjetivo, Capítulo 24

Lo que el espíritu es aquí (§§ 440–444)

La determinación (§ 440): el espíritu es «la verdad del alma y de la conciencia» —y precisamente como un saber que «no está en relación con él como objeto».

Lo que significa «estar en sí mismo», lo dice Hegel en una imagen que capta la cosa mejor que cualquier fórmula. El espíritu posee

«la confianza de que se encontrará a sí mismo en el mundo, de que este le ha de ser amigo, de que, como Adán dice de Eva, este es carne de su carne, así él ha de buscar en el mundo razón de su propia razón» (§ 440, añadido).

Confianza, no certeza en el sentido de una prueba. Y buscar, no encontrar: el espíritu parte de que el mundo no le es ajeno —no lo ha demostrado y no puede hacerlo antes de haber buscado.

La misma imagen se encuentra en el añadido al § 4 de la Filosofía del derecho. Hegel la usa, pues, en ambos lugares donde se determina el espíritu libre —otro indicio más de que ambos libros tratan aquí el mismo umbral.

Con ello queda superado lo que precedía: el alma tenía su contenido de manera inmediata, la conciencia lo tenía enfrente. Ahora el espíritu lo tiene como suyo.

La finitud que permanece (§ 441): el alma es finita, «en cuanto está determinada de manera inmediata o por naturaleza»; la conciencia, «en cuanto tiene un objeto»; el espíritu, «en cuanto ya no tiene un objeto, pero sí una determinidad en su saber».

Cada estadio tiene, pues, su propia finitud —y la del espíritu es la última y la más tenue: que su saber sigue estando determinado, en vez de determinarse a sí mismo.

Y la advertencia contra un malentendido (§ 444): el espíritu teórico y el práctico «no han de distinguirse como pasivo y activo». Ambos son productores; la diferencia radica en la dirección, no en el grado de actividad.