Kommentar zum subjektiven Geist, Capítulo 8
Lo que la Antropología no es
El nombre induce a error más que ninguna otra cosa, y Hösle ha mostrado hasta qué punto.
No es una doctrina sobre la diferencia entre hombre y animal. La mayoría de las determinaciones allí tratadas —diferencia de razas, desarrollo ontogenético, relación de los sexos, vigilia y sueño, sensación, los estados del alma sensible, en cierto sentido incluso el hábito— valen igualmente para los animales superiores.[1]
Y Hegel lo sabe. En el añadido al § 411 dice de la incorporación involuntaria de las sensaciones internas que es «en parte algo que el hombre tiene en común con los animales».
Solo al final nombra lo que distingue al hombre —y son los mismos rasgos que ya conocía la antropología antigua: la postura erguida, la mano, la risa y el llanto.
La mano la determina en dos giros que ambos cuentan: como «herramienta absoluta» y como «herramienta de las herramientas». Lo que la distingue no es que agarre, sino que puede manejar cualquier otra herramienta.
Y una excepción la marca el propio Hegel: el hábito lo atribuye expresamente solo al hombre, «a diferencia del alma animal» (§ 412, añadido) —lo cual, sin embargo, como observa Hösle, depende del concepto de hábito que se maneje.
Lo que de ahí se sigue para la lectura. La Antropología no trata de lo que separa al hombre del animal, sino de lo que comparte con él —y de cómo se relaciona con ello. La diferencia no está en el material, sino en la relación.
Esta es la misma distinción que Erdmann aplica luego a la muerte: que el hombre muera y el animal perezca no se debe a un proceso distinto, sino a que uno se relaciona con ello. [KF]
Hösle, Hegels System, cap. 6.2. La observación aparece primero en Reiner Wiehl (1979), p. 121: pasan «a primer plano rasgos comunes al animal y al hombre, que se emplean para la autodistinción del ser humano». ↩︎