Comentario a la Filosofía del derecho, Capítulo 5
Sobre la relación Hegel-Marx
Lo que aquí se expone brevemente está desarrollado en Hegel und Marx — incluyendo el vínculo biográfico a través de Eduard Gans, la crítica del manuscrito de Kreuznach y la pregunta de por qué Marx minimiza su procedencia metódica. Para lo que sigue basta con el esbozo.
El relato habitual —Marx como antihegeliano que pone de pie al Hegel idealista, que estaba “cabeza abajo”— resulta comprensible como autopresentación histórica de Marx, pero es engañoso como caracterización metódica.
Lo que Marx hace en realidad es, metódicamente, hegeliano de punta a punta: comienza por la forma más simple en la que la riqueza de estas sociedades aparece —la elección de palabras de la primera frase ya lleva consigo una crítica, pues precisamente no dice que la riqueza sea una colección de mercancías—, y desarrolla su contradicción interna hacia formas cada vez más concretas (dinero, capital). Analiza una totalidad como sistema de mediaciones recíprocas. Entiende el aparecer como esencial para la esencia, no como su mera apariencia. Los tres circuitos del capital en el segundo tomo de El capital pueden presentarse como un sistema de silogismos — aunque esta constatación dice menos de lo que promete: que un análisis pueda vertirse en figuras silogísticas no dice nada sobre si acierta. En Marx, el logro consiste en distinguir siquiera los circuitos y mostrar de qué depende su entrelazamiento; la figura representa el resultado, no lo produce. Y su análisis de la inversión teleológica en D-M-D’ puede leerse como la forma históricamente determinada de lo que está estructuralmente presente en la teleología hegeliana: Hegel desarrolla la autonomía del medio y el progreso infinito de la serie externa de fines; que de ahí surja una autonomización social del medio es un paso más allá del texto de Hegel, paso que Marx da respecto del dinero. [KF]
La polémica de Marx contra Hegel se dirige, por tanto, solo parcialmente contra este método, que él mismo practica; alcanza sobre todo la autointerpretación que Hegel hace del mismo, allí donde esta invita a mistificaciones: a la Idea que se libera a sí misma, a la “astucia de la razón” que se realiza a espaldas de los individuos. Estas autointerpretaciones eran lugares reales en los que la dicción de Hegel permitía dos lecturas. Leídas de manera especulativo-apologética, suenan como descripciones de una reconciliación ya consumada. Leídas desde la lógica del concepto, designan la tarea de una mediación cuyo cumplimiento empírico-político no queda por ello afirmado. El propio Hegel no distinguió de manera consistente entre ambas lecturas, y la “inversión” de Marx destruye precisamente las formulaciones que permitían esa ambigüedad —liberando así el contenido de la cosa que subyace bajo la dicción especulativa. El núcleo racional es la cosa misma, pero en Hegel está formulado en varios pasajes de un modo que difumina la diferencia entre tarea y cumplimiento.
De ahí se sigue una regla metódica que este ensayo sigue de manera constante. Donde Marx parece criticar a Hegel, primero hay que examinar si la crítica apunta a un lugar real de la autointerpretación hegeliana (entonces, por lo general, justificada), al método hegeliano (entonces, por lo general, no), o a una concreción que Hegel no podía lograr en su época (entonces se trata de una continuación, no de una objeción). Esta diferenciación cambia la lectura del pasaje sobre la plebe, del análisis de la propiedad, del Estado —y nos acompañará a lo largo del recorrido.