Kommentar zu Hegel und Marx, Capítulo 11

Balance

Marx acierta a Hegel en cuatro puntos, y ninguno de ellos es de poca monta. El lenguaje que convierte a la idea en agente produce una apariencia de la que el propio Hegel es responsable. La coincidencia entre plenitud conceptual y reconciliación efectiva convierte un criterio de medida en una descripción. La elevación de las disposiciones constitucionales prusianas al rango de lo necesario es apología bajo la forma de derivación. Y la burocracia, que se presenta como estamento universal, tiene un interés propio.

Lo que Marx cree acertar no queda, sin embargo, acertado. Demostrar que Hegel convierte a la idea en sujeto no resuelve lo que Hegel dice sobre la familia, la sociedad civil y el Estado. La inversión es un procedimiento cuya adecuación Marx no examina, aun cuando exige precisamente ese examen a Hegel. Sus propias determinaciones positivas —la democracia como enigma resuelto, el hombre real como punto de partida— operan con categorías que él mismo no ha desarrollado.

Lo que se vuelve visible en todo esto es la figura que recorre este volumen. Marx combate un modo de exposición y conserva el procedimiento. Le reprocha a Hegel imponer un esquema a la cosa misma, y él mismo impone uno. Declara que la idea es un sujeto suplantado y pone en su lugar determinaciones cuya procedencia no explicita.

Que esta figura no se limite al escrito temprano se muestra más adelante en un concepto que el propio Marx eleva a sujeto agente. De esto trata el capítulo 5 de la parte IV.

Parte III: La autocomprensión